October 26, 2017

Un paseo que terminó en pesadilla

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Advertencia: Este artículo tiene contenido sobre abuso sexual y violencia.

 

Bajo la presión de mi nueva amiga *Rosi, quien prometió llevarme a casa antes del anochecer, me encontré yendo al parque con ella y dos hombres que acababa de conocer. Cuando llegamos, enseguida apareció otro hombre, *Miguel, y se subió al carro.

Miguel le dijo a *Rodo, el hombre al volante, que fuéramos a dar una vuelta por la colonia cerca de ahí. Por la carretera, encontramos a una muchacha caminando sola.

Rodo se detuvo y ofreció llevarla a su destino. Ella se negó, pero Miguel insistió y la convenció. La mujer, quien se llamaba *Bety, subió al carro y empezó a contarle sus problemas a Miguel.

El otro hombre,*Jaime, y Rodo le decían, “Cásate con nuestro amigo Miguel y así no sufrirás más”.

Ella los ignoró. Al igual que yo, sólo quería ir a su casa, donde se encontraba su bebé enfermo y su mamá, a quienes quería ver.

Sin embargo, Miguel le insistió, diciendo, “Sí, vente conmigo y yo cuidaré de ti y de tu hijo. Juntos cuidaremos de tu mamá también. Yo soy un muchacho solo, que anda buscando una buena mujer y creo que esa eres tú. Me gustaste desde que te vi. Eres muy bonita”.

Jaime y Rodo apoyaban lo que Miguel le decía a Bety.

Entonces, al verme impaciente, Rosi me dijo, “Espérate, vamos a ir al cine y después nos vamos. Mi novio y yo queremos ver una película”.

Yo seguía insistiendo que nos fuéramos. Sin embargo, Rosi y los tres hombres insistían que después del cine nos dejarían a cada una en casa. Se bajaron Rosi y Jaime del carro, se subieron a otro que tenían estacionado a un lado del parque, y nos dijeron que los siguiéramos para llegar al cine.

Me sentía angustiada y arrepentida de haber aceptado salir con ellos. No sabía qué hacer. Me encontraba en medio de la carretera en un carro a toda velocidad con personas desconocidas en lugares extraños con ganas de llorar.

Yo no buscaba novio

El tiempo se me hacía eterno, mientras Rodo trataba de seducirme y convencerme que lo aceptara. Me decía que con él podría tener todo lo que quisiera y mi respuesta siempre fue “no”. Yo no buscaba novio y para tenerlo todo, yo ya estaba trabajando.

Entonces hubo un gran silencio. Se hacía de noche cuando llegamos a un lugar en donde nos bajamos un momento.

Ahí estaba Rosi con Jaime, esperándonos. Rodo nos dijo que dejaría a Miguel y a Bety en sus casas y luego me llevaría a mí.

Rosi me dijo, “No te preocupes, ya nos vamos porque es tarde y ya no vamos al cine. Rodo te va a ir a dejar”.

Yo, junto con Bety, desesperadas y confiadas en que así sería, nos subimos de nuevo al coche. Rodo fue a dejar a Bety y a Miguel a una casa, la cual yo no sabía a quién le pertenecía.

Después, Rodo me dijo, “Ahora te voy a dejar a ti. Ya sé que no te gusto, no te preocupes. No pasa nada. No tengas miedo, no te haré daño. Toma mi chamarra, póntela porque está frío y ahora yo paso a traer otra para mí”.

Al pasar unas casas en la misma calle él empezaba a detenerse. Yo quería salir corriendo de ese carro, pero no pude. Él parecía saber mis pensamientos, entonces silbó la bocina del carro.

Yo enmudecí. Rápidamente se abrió el portón de una casa como si nos hubieran estado esperando, metió rápido el carro adentro y una muchacha cerró el portón inmediatamente. Entonces vi a más mujeres dentro de la casa.

Él me dijo, “Bájate del carro. Ven, te voy a presentar a mi mamá y a mi familia. Tranquilízate, no pasa nada malo. Si yo quisiera hacerte daño, ya lo hubiera hecho y fuera de aquí. Ven, bájate y ahora nos vamos”.  

Un supuesto “gran hombre”

Entonces entré y su mamá estaba junto con sus sobrinas y sus hermanas. También había una niña y otros dos niños que vivían ahí.

Luego Rodo me dijo, “Vuelvo ahora, voy por mi chamarra y te voy a dejar”.

Lo vi subir al segundo piso, mientras su familia claramente sabía lo que estaba pasando.

Su mamá me decía, “¿Pero adónde vas a ir a esta hora? Mejor quédate con mi hijo. Es un gran hombre, muy bueno y trabajador. No sé por qué ninguna mujer lo quiere”.

La hermana también me decía, “Sí, mi hermano es un buen muchacho. Pobrecito, ha sufrido mucho, pero por eso es muy bueno”.

Hasta su sobrina hablaba de cómo su tío siempre me cuidaría. Todas me contaban sobre él, pero yo estaba desesperada por irme. No sabía en donde me encontraba, no tenía nada conmigo, sólo lo que tenía puesto. No sabía ningún número de teléfono y aun así no traía dinero.

Rodo no apareció durante muchas horas, sólo fue a dejarme ahí.

Sentía que me moría. Quería irme, pero no me dejaban. Todo estaba cerrado y sólo me decían que tenía que esperarlo. Me sentía encarcelada, llorando por dentro, arrepintiéndome y maldiciendo haber salido. No sólo de donde vivía con mi prima – también de haber salido de mi pueblo.

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Para obtener ayuda o reportar un posible caso, llama a la Línea Nacional Contra la Trata de Personas (1-888-373-7888). Es un recurso gratuito, confidencial y anónimo que ayudará a cualquier persona que llama las 24 horas al día, 7 días de la semana, en tu idioma.

Esta es la segunda entrada de una serie de cinco partes en las que Carmen, consultora y vocera de Polaris, cuenta su experiencia en la trata de personas. Haz clic aquí para leer la primera entrada. Esta serie forma parte de la nueva campaña de Polaris, “Únete a la Solución”, contra la trata sexual de mujeres y niñas provenientes de México y otros países latinoamericanos. Para acceder a más información y recursos, y para unirte a la campaña, visita: www.laredhispana.org/unetealasolucion.

*Nombres han sido cambiados para proteger la privacidad de individuos.

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