November 1, 2017

De “gran hombre” a tratante

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Advertencia: Este blog tiene contenido sobre abuso sexual y violencia.

 

Llevaba muchas horas esperando en una casa que no conocía, cuando finalmente *Rodo llegó.

Yo seguía sentada en la sala donde me había dejado. La mamá de Rodo y las otras personas que vivían allí se habían ido a dormir y él preguntó por qué yo no hacía lo mismo. Le dije que me quería ir, pero él decía que no me llevaría a casa porque, según él, era tarde y estaba cansado.  

Era claro que estaba borracho. Sin embargo, le volví a insistir que me llevara a casa.

Rodo me respondió tratando de apaciguar mis preocupaciones, “Ya te dije que no. Mejor quédate conmigo y estarás bien”.

Una vez más le dije, “¡No!”

Entonces aquel hombre “muy bueno,” el que me había prometido no hacerme daño, de repente se convirtió en un monstruo.

Me tomó por los brazos y me sacudió, diciéndome, “He tratado de que te quedes conmigo por las buenas, pero si no quieres, será por las malas. Tú de aquí no te vas. Nunca saldrás de aquí.”

Yo lloraba y gritaba pidiendo ayuda mientras él abusaba sexualmente de mí en esa sala. Su familia estaba en un cuarto sin puerta al lado, pero nadie salió a detenerlo. Me sentía sola y aislada, como si nadie más existiera en ese lugar.

Me decía, “Tú ya eres mía y puedes gritar todo lo que puedas, pero aquí nadie te va a ayudar. ¿Después de esto, quién crees que se va a fijar en ti? Tú ya eres mía”.

“¿Qué harías tú?”

En las siguientes horas por la mañana se despertó. Yo estaba ahí en un rincón, deseando morir en ese momento.

Cuando me vio, le volví a suplicar que me dejara ir, por favor, pero me dijo, “¿Que no te ha quedado claro que ya eres mía y que de aquí no saldrás nunca?”

Entonces me encerró en un cuarto con llave y se fue.

Volvió más tarde con ropa y documentos para mí. Me pidió que lo perdonara por todo lo que me había hecho. Se arrodilló y me dijo que estaba arrepentido y que había sido un acto de desesperación a raíz de la presión que sentía, ya que su familia podría quedarse en la calle. Tenían deudas y los estaban embargando, me decía – no quería que su familia se quedara sin nada.

Me dijo otra vez, “Perdóname. ¿Cómo te sentirías si supieras que tu mamá se va a quedar en la calle? ¿Qué harías?”

Yo le preguntaba que por qué me había hecho esto. Yo no lo conocía y ni sabía quién era. Sin embargo, él insistía que yo los podía ayudar y que si no los ayudaba yo sería la responsable de su miseria.

Un trabajo que no quería

Se apresuró en decirme, Hay un trabajo en un bar que es bueno, que sólo tú puedes hacer y así juntaremos el dinero rápido, por favor”.

Rodo se fue de nuevo, dejándome igual bajo llave. Parecía que todo era verdad, pues lo vi llorar y me dejó los papeles del supuesto embargo. Más tarde, regresó y me preguntó qué había decidido. Le dije que no podía ayudar y que mejor me dejara ir. Yo no iba a hacer ese trabajo.

De repente aquel hombre arrepentido, se transformó otra vez y me dijo, “Ya veo que tú no entiendes por las buenas, pues lo harás por las malas”.

Me golpeó y continuó diciéndome, “Vas a trabajar en donde yo te mande y vas a hacer lo que yo te diga, quieras o no quieras. Yo soy el que manda”.

Me amenazó diciendo, “Cualquier error que cometas lo pagarás muy caro porque yo sé quién eres y dónde está tu familia. Si tratas de huir, tu mamá pagará las consecuencias y así poco a poco cada miembro de tu familia hasta que entiendas que conmigo no se habla de más, ni se juega. Grábate en la cabeza que de mí nunca saldrás, tú ya me perteneces”.

Así continuó mi vida. Se convirtió en un infierno.

Mi tratante me explotó unos meses en bares, calles, vecindades y hoteles en algunos pueblos de México, hasta que finalmente las redes me traficaron a los Estados Unidos. Allí continuó mi explotación por la gran ciudad de Nueva York, en barrios y casas en la comunidad donde yo vivía, así como en otros condados y estados.

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Para obtener ayuda o reportar un posible caso, llama a la Línea Nacional Contra la Trata de Personas (1-888-373-7888). Es un recurso gratuito, confidencial y anónimo que ayudará a cualquier persona que llama las 24 horas al día, 7 días de la semana, en tu idioma.

Esta es la tercera entrada de una serie de cinco partes en las que Carmen, consultora y vocera de Polaris, cuenta su experiencia en la trata de personas. Haz clic aquí para leer la entrada anterior. Esta serie forma parte de la nueva campaña de Polaris, “Únete a la Solución”, contra la trata sexual de mujeres y niñas provenientes de México y otros países latinoamericanos. Para acceder a más información y recursos, y para unirte a la campaña, visita:www.laredhispana.org/unetealasolucion.

*Nombres han sido cambiados para proteger la privacidad de individuos.

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