November 8, 2017

Recuperé mi vida

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Advertencia: Este blog tiene contenido sobre abuso sexual y violencia.

 

Después de seis largos años, gracias a Dios, pude escapar con vida de las redes de trata de personas que me trajeron a los Estados Unidos. Con la ayuda de una buena samaritana, ahora soy libre del mundo en el que había sido obligada a vender mi cuerpo.

No fue fácil salir. Intenté suicidarme varias veces, pensando que sólo así podría salir. No les iba a dar el gusto de que ellos me mataran, prefería hacerlo yo misma. Nunca funcionó mi intento y sólo Dios sabía por qué.

Un día, conocí a una desconocida en un lugar público cuando se acercó a mí con una conversación sobre el lugar en dónde estábamos. Inicialmente la ignoré porque tenía miedo de tan sólo poder hablar con alguien más. Todo el tiempo me sentía vigilada a dondequiera que iba, pero esta vez esta mujer cambiaría mi vida para bien.

A ella le importé

Ella se dio cuenta de mi paranoia y me dijo, “Dime qué te pasa, yo te puedo ayudar”.

Le pedí que no se acercara mucho a mí. Entonces me dio su número de teléfono para llamarla si un día necesitaba ayuda. Ese día llegó cuando la volví a encontrar en un restaurante.

Esta vez la mujer no estaba sola. Insistió que les platicara, a ella y a su novio, qué era lo que me pasaba, que ellos me podían ayudar.

En ese momento, yo me encontraba en un punto en el que confiar y desconfiar era lo mismo. Ya no me importaba morir o vivir, ni tampoco lo que le pasara a mi familia. Tenía que arriesgarme. Entonces les dije un poco de lo que me estaba sucediendo, sin importarme si me creían o no, pero sí me ayudaron.

No volver atrás

Un día pasado de la media noche, les llamé y fueron a rescatarme a donde yo estaba y me llevaron a su hogar hasta el amanecer. Yo no sabía lo que había hecho, ni cómo me atreví a desafiar a mis captores. Me sentía arrepentida. Las amenazas, los golpes, y todo el abuso al que estaba sometida me tenía atada a mi tratante. Al darse cuenta que había escapado, él me llamaba para amenazarme.

La mañana siguiente, la pareja que me había ayudado me alentó a denunciar y a no volver atrás, jamás.

Me acompañaron al Centro de Justicia Familiar, en donde finalmente tomé la decisión de denunciar a mis tratantes. Me di cuenta que tenía que desconectarme de todo lo que me atormentaba por un momento y armarme de valor para poder hablar.

Mi historia no termina allí. Había sobrevivido la trata, pero el trauma emocional me hundió profundamente y necesitaba asistencia psiquiátrica para superarlo. Sin embargo, pude recuperarme y recobrar las ganas y fuerzas para seguir adelante y empezar una vida nueva. También como parte de ese proceso, tuve que vencer el miedo de confiar de nuevo en las personas.

Todo eso y mucho más, lo he logrado gracias a Dios. Él ha puesto personas en mi vida con un propósito, y por medio de todas ellas, me ha hecho saber su amor hasta el día de hoy y así también me permitirá a ayudar a alguien más.

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Para obtener ayuda o reportar un posible caso, llama a la Línea Nacional Contra la Trata de Personas (1-888-373-7888). Es un recurso gratuito, confidencial y anónimo que ayudará a cualquier persona que llama las 24 horas al día, 7 días de la semana, en tu idioma.

Esta es la cuarta entrada de una serie de cinco partes en las que Carmen, consultora y vocera de Polaris, cuenta su experiencia en la trata de personas. Haz clic aquí para leer la tercera entrada. Esta serie forma parte de la nueva campaña de Polaris, “Únete a la Solución”, contra la trata sexual de mujeres y niñas provenientes de México y otros países latinoamericanos. Para acceder a más información y recursos, y para unirte a la campaña, visita:www.laredhispana.org/unetealasolucion.

*Nombres han sido cambiados para proteger la privacidad de individuos.

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